Hijita, bello tesoro; el mejor regalo que podía hacerte en mi gran y maravilloso día, era devolverle la vida a ese hijo nuestro. Escuché y escucho cada día tus plegarias, y le fue concedido su regreso al mundo terrenal.
Hijia mía, necesitamos que tu mente esté muy pero muy tranquila, para que puedas estar apta para recibirnos; como mismo pudo ocurrir, ese día que el Altísimo derramó sus fuerzas, sus energías y su poder sobre ti; para el regreso al mundo terrenal de ese devoto mío.
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